(13) LA CIUDAD GLOBAL EN EL CINE CONTEMPORÁNEO. UNA PERSPECTIVA TRANSNACIONAL - Contracampo libros.
"(...) ¿Vivimos en la era de la “globalización”? No, a menos que restrinjamos el significado de tal término. El concepto de globalización debe ser delimitado, enfatizando, por una parte, la desigual distribución de recursos en el mundo y, por otra, la expansión de las redes comunicativas que ha permitido a aquellos suficientemente privilegiados para acceder a ellas multiplicar sus canales de intercambio social y cultural. Tal vez sea cierto que los teléfonos móviles, por ejemplo, son utilizados más en países subdesarrollados que en ciertas potencias occidentales. Sin embargo, la utilización de tales productos no ha reducido la privación médica y económica que sufren los ciudadanos de estos países. Al contrario, aquellos que se benefician del uso de un teléfono móvil para conseguir cierto nivel de movilidad social es más probable que sean brokers de Wall Street o ingenieros que viven en los suburbios de una gran ciudad de EE.UU. que trabajadores en una pequeña fábrica en Sudán que constantemente mandan mensajes de texto a sus amigos como mecanismo de escapatoria de la alienación mental que les supone trabajar dieciocho horas seguidas. En este escenario “multicapa”, aquellos situados arriba controlan la mayoría de recursos y aquellos que están abajo sufren las consecuencias de su exclusión de estas esferas de poder, incluso aunque se puedan beneficiar de los desarrollos tecnológicos en sus interacciones sociales. En pocas palabras, son consumidores pero raramente beneficiarios de los productos que en muchas ocasiones producen recibiendo un salario ínfimo.
Aunque inicialmente el término globalización se refirió a una serie de prácticas económicas en el contexto del modelo capitalista de libre mercado, mi conceptualización del mismo establece una serie de vínculos entre el campo de la economía política y el ámbito de lo socio–cultural. Rearticulo los significados del concepto de globalización con el fin de construir un paradigma histórico y teórico capaz de analizar la representación del cine contemporáneo de la ciudad global. Así, relaciono tales modos representacionales con los diversos modos en los que interactúan diferentes culturas y formaciones sociales. Desde mi punto de vista, el término globalización apunta en dos direcciones complementarias. Por una parte, nombra una época histórica vinculada al crecimiento de los canales de circulación de agentes económicos y culturales y su relación con la expansión de las redes de información y transporte facilitadas por el desarrollo de la tecnología digital. Por otra, se refiere a una serie de paradigmas teóricos a través de lo cuales se define la dinámica interactiva entre capital, tecnología, cultura, prácticas sociales y ciudadanía. No favorezco una conceptualización de lo global anclada en un impulso totalizador dado que estamos debatiendo un fenómeno polisémico en constante fluctuación, es decir, una serie de prácticas sociales y económicas que operan de manera desigual en diferentes regiones del mundo y varían diacrónicamente. Además, la producción, circulación y consumo de medios audiovisuales continuamente desafía una definición totalizadora de lo cinematográfico, creando, por el contrario, una rica variedad de encuentros entre lo estético y lo social que individuos viviendo en diversas partes del mundo entienden y procesan de formas diferentes.
Separar lo económico de lo cultural es, sin lugar, equívoco, como han demostrado decenas de analistas culturales y recientemente, de manera más significativa, el provocador y devastador trabajo de Naomi Klein en volúmenes como No logo: el poder de las marcas (2000) y La doctrina del shock (2007). Cuando una mujer española de setenta años ve una telenovela latinoamericana en televisión no sólo está consumiendo un producto cultural sino también un estilo de vida y, consecuentemente, un modelo económico y social. Si la mujer española se distancia o “compra” los modelos sociales y económicos de la telenovela, internalizándolos, depende, al fin y al cabo, de una serie de factores sociales, económicos, culturales e incluso religiosos basados en la micropolítica de cómo cada individuo consume productos audiovisuales. Indudablemente, algunos modelos se venden con más facilidad que otros. Consecuentemente, ciertos grupos económicos y socioculturales ostentan “posiciones privilegiadas del habla” (positions of speech) en relación con otros, configurando un panorama mediático en el que modelos representacionales específicos tienen un estatus dominante y otros luchan por permanecer visibles. (...)"
CONTRACAMPO LIBROS Nº 3
16x23cm. - 220 páginas - 20 euros
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ISBN: 978-84-939366-2-4
Gastos de envío:
Nacional: 0.00 euros.
Resto Europa: 17.00 euros.
Exterior: 23.00 euros.
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UN ESPACIO FUERA DE CUADRO












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